miércoles 18 de noviembre de 2009

Adelanto Exclusivo

Próximamente mi libro



"POR CULPA DE LA NÓE"

el libro es de edición casera e independiente por cuestiones ideológicas sobre todo y porque me parece una importante decisión a nivel personal como escritora surgir desde lo "under" si se quiere decir. Asiqeu la única manera de conseguirlo (por ahora) va a ser por encargue a mi misma que lo pueden realizar por distintas vías: mail, face, celular, si me ven en la calle, lo que prefieran.

Eso si, como es edición limitada va a haber pocos asique hay que encargarlos.

Largo desde ya el aviso para que los que estén interesados no se pierdan la oportunidad y no queden afuera :D







MFL


jueves 12 de noviembre de 2009

Fragmento de: "Para que no me quieras"

I

Una mujer desnuda se tapa la concha con muchas cosas rojas
Chiquitas y rojas.

La mujer es rubia y la conocen todos;
se tapa las tetas con la mano y los brazos,
y a mi -que la veo colgada de un broche en el quisco- me parece que le debe haber cansado posar así para la foto.

Por debajo de las tetas se le veían las costillas
y una rayita hundida marcaba el centro hasta su pupo

no tenía pelos
tampoco estaba bronceada




MFL





viernes 16 de octubre de 2009

Cuarto-caja

a

El cuarto estaba oscuro; había estado oscuro siempre; un oscuro raro; inmenso; un oscuro que le ganaría a cualquier otro oscuro. Tanto, que una pequeña ráfaga de luz – por más mínima que surgiere- podría a estas alturas- herir; lastimar, hasta el fondo; como una gillette filosa mal sostenida o como el amor en el mejor de los casos.

b

Ese cuarto, que repito, estuvo absolutamente oscuro siempre, ese cuarto que se había tragado los colores- de manera egoísta- a todos, era el cuarto más pequeño que yo había visto en mi vida; y no vacilo en esto; y eso que yo había visto muchos. Tan insignificante y mal ubicado se había convertido en mi obsesión por los meses de verano.

c

Un cuarto–caja que yo le decía cuarto y que colgaba –permanentemente- de una de las más altas ramas del árbol-único- que tenía el patio. Colgaba con atrevimiento y descaro de la mismísima manera que las hojas propias del árbol que en realidad no colgaban sino que nacían, es decir, se notaba que eran parte o que de alguna manera fluían del árbol digo. Al cuarto-caja le pasaba lo mismo que a las hojas o a mi me pasaba lo mismo con el cuarto-caja me dirían luego; aunque luego fuera tarde –claro.

d

Lo que a mí me alteraba –creo- era que esa caja era uno de esos objetos que siempre quedaban bien parados, o colgados, en este caso. El hecho es que en mí – que lo miraba desde abajo, desde el pasto/gramilla/verde/crecido- eso no me era neutral.

Cada vez que me acordaba de la existencia del cuarto-caja me iba y me venía una sensación acalorada, molesta, insalvable hasta densa podría agregársele para los 11 años que tenía en ese entonces; una sensación que en ese momento no tenía comparación, como las empanadas de la abuela que no se comparan.

e

El cuarto-caja estaba en el patio de la abuela- la de las empanadas- donde yo había pasado mis veranos hasta los 15 y desde que me acuerdo; y desde que me acuerdo también estuvo la casa o el cuarto o la caja colgado del árbol que después podaron cuando la abuela se mudó al departamento de Alberdi.

No pude estar cuando lo tiraron abajo, dicen que costó muchísimo; que estaba arraigado a la tierra, que parecía que se quería quedar, pero se tenía que ir, y se fue, o lo sacaron. No sé a donde lo tiraron ni que hicieron con sus restos.

f

El jueves pasado en el bar de la esquina de casa me encontré con un amigo de mi tío- que había sido el jardinero de mi abuela- le pregunté por el árbol para evadir al cuarto. Me dijo que había sido uno de los trabajos más difíciles de todos los que había hecho en toda su vida; que le dolieron los brazos muchísimo después de arrancar esas raíces; que no se podría olvidar –nunca-de ese dolor. Lo miré tiesa, me dio escalofríos mientras lo contaba.

g

Cuando me iba del bar me dijo que el cuarto no estaba sólo, digo no estaba vacío, cosa que nunca imaginé; cosa que nunca se me ocurrió como imaginar; no quise escuchar que había adentro- aunque lo dijo; no quise escuchar pero escuche porque estaba ahí yo y lo dijo.

Mientras salí por la puerta vidriosa y pesada del bar me vino una sensación-sin aviso- que ahora si podía comparar; todo el camino a casa, es decir la media cuadra la usé pensando que no podía ser que hubiera esas cosas en los cuartos que están siempre oscuros.



MFL

lunes 5 de octubre de 2009

Puchero

El pasillo largo estaba igual que siempre.
Golpeé.
La puerta interna de la casa se abrió y apareció la cara sorprendida de Abuela-padre,
de abuela -(difunto)-padre.

La casa estaba en frente de mi ex -escuela,
de mi primaria ex -escuela;
pero además de la calle y un poco de vereda,
la casa siempre estuvo separada del resto por ese pasillo- largo-.


Nos veíamos poco; cada cinco o seis meses.

II

Traspasé la puerta.

Mientras me invitaba a tomar un café yo le decía que tenía solo media hora;
ella entremedio me decía que no importaba, y a su vez movía un sillón de lugar y acomodaba unas revista de la mesa y me presentaba a un tipo- que era su hermano- y que se iba a jugar el 25, 14, y 22 a la Quinela.

El 22,
el loco,
el número que odiaba mi viejo. Pensé.

Beso seco y salté los tres escalones que nos llevaban a la cocina,
No los bajé los salté.

Mientras la pava hervía- o esperábamos que hirviera-
miré por la ventana al patio.
Se resolvieron pocas cosas,
y me subió como un nudito entre las sienes y la garganta;
apreté dos instantes los dientes
y salvé la tensión preguntando por unos perros.
(me sirvió a mi la pregunta).

El café fue espeso y sobre-dulzón.
Abuela-Padre me contó muchas cosas,
cosas que nunca había contado:
de su madre,
de sus tíos,
de la granja improvista,
de la hipoteca perdida;
de porqué había dejado sus estudios-secundarios-,
su lento aprendizaje de la cocina,
su amor incondicional por Abuelo-Padre.
De su padre, también habló de su padre: las matemáticas, las mujeres, los negocios.

Hablamos cuarenta minutos,
yo llegué tarde.

Mientras me levantaba nombró a la muerte.
Dijo algo de mi prima que hacía casi dos años se había suicidado.
“nadie sabe porqué lo hizo” dijo;
y yo asentí con la cabeza de espalda al patio.

La cocina transpiraba por la olla ondeando que no hacia ruido todavía.

Miré el reloj y la borra de café acabado.

Miré de nuevo el reloj y en menos de cinco minutos abandoné la casa.

MFL

lunes 28 de septiembre de 2009

Puente verde-celeste




I

La segunda vez,
despúes de aquella vez,
después de la primera

II

La segunda vez ella fue a su casa,
se sentó en un banquito (colorido),
al lado de su cama.
Se quedó bastante quieta y miró de reojo toda la pieza.

III

La segunda vez parecía más temprano que la primera.
Ella esperó en el costado,
en el banquito,
derecha; demasiado por la hora.

IV

Los dos sobrios no sabían que hacer ni con los pies ni con las manos;
se sacaron torpemente los zapatos,
e intentatron violentar un Licor Cherry.

V

Estuvieron a tres pasos,
la segunda vez

VI

Estuvieron a tres pasos,
en la pieza y en al auto.

Discontinuos,
solitarios,
a tres pasos insalvables,
la segunda vez.

VII

Cuando él leía a Bataille- hablando de la poesía -a ella le dio ganas de arrojarlo -a lo Bahía- y mostrarle que un poema puede también ser un beso.

O que los besos no ameritan poemas porque ya lo habían sido todo;
eran un círculo cerrado;
sellado;
por dos lados donde apenas se escabullía un alo de aire para respirar.

VIII

No lo hizo.

IX

Siguió en el suelo (frío)
que había elegido para variar posición y lo miraba desde abajo.

X

Ya no sabían que se reproducía en la Laptoc
y habían pasado -a esas alturas- varias rondas de Licor.

XI

La mañana se hizo sola;
en la pieza ni se enteraron.

XII

La mañana se hizo sola,
y él la dejó en su casa.

Ella se quedó en su casa
y se durmió sola en la mañana.





MFL


lunes 21 de septiembre de 2009

21/09/09




La calle se llena de agua afuera,
los autos casi no se asoman,
y el fresco se entromete
por cada agujerito que hay en la casa

*

En este momento se para al frente mio un duende
que me mira con ojos muy verdes;
pero no me dice nada,
no me da la mano,
no me dice nada.


*

Del otro lado de la ventana la lluvia se sigue cayendo,
y ahora un trueno quiere atolondrar el clima con ruido.


*

Ensayo un poema adentro de la casa,
y se me enfrían los pies,
más allá de que decían que hoy llegaba la primavera.

*
Si me acerco demasiado a la ventana
hasta puedo sentir que me salpica
y pienso-rápido- "que bueno sería tenerlo en este momento".
La lluvia me resulta -a veces- una excusa,
y si no funciona así
entonces no sé como funciona.

*

Ahora recuerdo que nunca sentí su olor de piel húmeda
en ninguna tarde/noche de primavera,
se quedaba siempre en otoños, y me costaba volver a buscarlo.

*

El duende que ahora parecía inquieto;
giró unos cuarenta y cinco grados
y con ese gesto me daba la espalda;
me había quitado los ojos -verdes- de encima
y yo de bronca -para pelear- dejé de mirarlo.

*

"Me gusta el ruido de la lluvia para ensayar poemas
mientras me da frío adentro de la casa"- pensé-.
y un remolino de viento
-que entró por la ventana por donde se escabullía el fresco-
me voló una hoja y sacudió al duende.


*--*


Que los versos los cortara donde yo quería era un detalle,
que en la noche iba a dormir sola y de a gotas una premisa;
y que de detalles y de premisas se armara un poema
una estúpida libre y dulce ocurrencia.










MFL








martes 15 de septiembre de 2009

Mi parque Jurásico






A quien fue mi padre



Convivir con ese tipo de dinosaurios no era algo que me aterrara. Siempre entendí que era yo el fenómeno por tener piel más blanca y menos rugosa y unos cuantos menos metros de estatura.

La casa era gigantete, techos muy altos y patio amplio; los yuyos abundaban como así también los árboles. Las habitaciones contiguas y no tenía pieza sola. El baño: un acueducto que rara vez limpié.

De esos requerimientos típicos de alimentación, espacio vital e higiene surgieron los primeros inconvenientes familiares. Las más largas discusiones se basaban fundamentalmente en la "hoja".

Madre era una Triptus- vegetariana- que usualmente comía del duraznero de la derecha del patio de casa. Tenía dos hermanas yo - vegetarianas también- por convicción ellas; y habían aprendido a alimentarse como Madre de las mismas delicias. A mí eso me parecía horrible, repugnante, o demasiado puro.

De todo ese complementeo alcanzable tenía varios - árboles digo- de diferrentes frutas, con sabores casi todos amargos; y los había provado sí, más de una vez en alguna noche. Sin embargo, despúes, no podía evitar colgarme de La Reja, siempre de este LA-DO que separaba mis casas de los carnívoros salvajes.

Madre tenía toda la calidez de una vegetariana e insistía sobre mí con cursos de desgustación y cosas que ya he olvidado. Insisto: yo me sentía culpable porque no me gustaran las plantas. Varias veces mis hermanas - mayores no dije- me invitaban a sus aventuras del sabor, pero no; rara vez yo sedía.

Un día, bastante soleado por cierto, cosa que no era costumbre en El Parque, los reuní a todos; me paré un poquito más firme que lo de costumbre, (mi columna vertebral estaba reforzándoce, aunque yo sabía que nunca alcanzaría sus alturas) y dije titubeando si: " Me gusta lo rojo", "me gusta la carne".

El escánadalo fue el previsible, tal vez un poco menos de Madre que del resto; auque pude observar en su cara esa especie de decepción sin consuelo cuando uno dio su vida por los hijos para que despúes se vayan del lado de los salvajes.
El exilio fue inmediato, tanto que no dejó margen para el dolor ni la nostalgia, ni la melancolía ni un puto verde recuerdo.







MFL