Se me aplasta la soledad apenas paso a tu imagen.
Había rebanado tantas veces las posibilidades de irme,
que terminé seca y consumida por el sol y el frío que siempre pasaban;
como los segundos y los meses,
que solían decorar relojes y calendarios.
Colgada de una bilateral esperanza aparecía yo de nuevo y para siempre vos,
con una ingrata posibilidad entre los dedos,
y un cándido deseo que se sublevaba a descender en sus proporciones.
Siempre de un hilo,
que tenía poco de certero y demasiado de ideal,
resistía sin comillas al dolor, al calor, y la agonía;
y casi sádicamente me regocijaba en el placer de la espera sin fin ni receso.
Recorrías el mundo desde lejos,
probabas otras salivas y otros senos,
te inundabas de olores corruptos o sublimes;
y yo lánguida, inocente, inmóvil.
Me vieron todas las estaciones más de una vez,
de la misma forma y pose.;
y mientras la piel se acurrucaba toda junta,
y contra ella sola;
imaginaba a tu mano que la estiraba con simpleza y rigidez;
y mientras el cielo se apagaba otra vez al antojo de unas horas,
la cama persistía angosta,
pequeña
y vacía.
Había rebanado tantas veces las posibilidades de irme,
que terminé seca y consumida por el sol y el frío que siempre pasaban;
como los segundos y los meses,
que solían decorar relojes y calendarios.
Colgada de una bilateral esperanza aparecía yo de nuevo y para siempre vos,
con una ingrata posibilidad entre los dedos,
y un cándido deseo que se sublevaba a descender en sus proporciones.
Siempre de un hilo,
que tenía poco de certero y demasiado de ideal,
resistía sin comillas al dolor, al calor, y la agonía;
y casi sádicamente me regocijaba en el placer de la espera sin fin ni receso.
Recorrías el mundo desde lejos,
probabas otras salivas y otros senos,
te inundabas de olores corruptos o sublimes;
y yo lánguida, inocente, inmóvil.
Me vieron todas las estaciones más de una vez,
de la misma forma y pose.;
y mientras la piel se acurrucaba toda junta,
y contra ella sola;
imaginaba a tu mano que la estiraba con simpleza y rigidez;
y mientras el cielo se apagaba otra vez al antojo de unas horas,
la cama persistía angosta,
pequeña
y vacía.
MFL