Pide coco.
Coco. Coco.
Aprieta el candado de la bici para que no se salga.
Para que nadie más que ella pueda decidir sobre la bici.
Lo aprieta, y se asegura de que esté firme.
Se pone firme, le pone el cuerpo al candado.
En frente, en dirección contraria, una plaza donde andan niños en un perímetro agrandado por el césped.
El candado de la bici se destiñe con el resplandor de otoño,
con un clima rarísimo al que no hay ropa que valga.
Un candado que alguna vez fue rojo.
Ahora lo vemos desde una heladería barata,
el minuto que permite la contemplación.
Mirar y el tiempo.
Mientras chupo la cucharita de plástico fijo la vista en el transparente en que se fue convirtiendo ese candado.
Mi vista se disuelve, se nubla,
también se vuelve en ese acto transparente.
Sus manos danzan e intervienen el helado,
un pobre potecito de un cuarto para dos.
Una idea sobrevuela siempre la cabeza.
No importa cual. Siempre se deja atrapar.
Hablamos de terrenos y de policías, de mujeres y de represión. Hablamos de la salsa y de los flujos, de los flujos que venden y atraen.
Dibujo con la cuchara un letra en el helado, después me la como.
Me dice que en Polonia hay una mujer que se fue porque sí,
que ella no entiende porqué se fue a Polonia o porqué le pagaron por ir.
Rumbos.
Un matutino bastante “pedorro”, conciliamos, y si.
Lo importante que está en otro lado,
ahora justamente coincide con que cuando me lo dice, “pedorro” ,esa palabra insignificante- cuando me lo dice, se acerca un poco,
su voz baja a mi vibración, a mi frecuencia.
La veo.
Intensa mente.
Salimos en busca de aire.
Le pasamos al lado a toda la historia del candado transparente y elegimos un lugar.
El tiempo nos deja
un rato.
Jugamos a que salimos un feriado a comer helado en la plaza.
Jugamos y esta bien.
Flor Lopez
miércoles, 1 de mayo de 2013
jueves, 25 de abril de 2013
Fabricantes
No es primavera, te juro que no es primavera.
Caminamos dando giros a una parte ínfima de la ciudad,
la humedad hace que nos pese todo.
Los párpados entre tanto a la mitad,
algunos momentos, somos tan grandes que vemos todo a la mitad.
Tantas veces
entramos y salimos alrededor de esa plaza
como si nada,
como si esas rejas rojas y espesas pudieran contener verdaderamente lo que se mueve dentro.
Cuerpos chiquititos, por ahora chiquititos.
Como hormigas, se revuelcan en la arena
se frotan en el suelo.
Cuando los de los bancos se dan vuelta los cuerpos chiquititos apuestan al mundo.
“Es solo una cuestión de segundos”, me dice ella.
Extraños segundos,
perdidos segundos.
Los colores se amontonan se hacen pirámides y los cuerpos chiquititos ocupan el espacio.
No se conforman con un juego,
ni con el dia ni con la noche,
no se conforman con nada.
Entienden,
que es una cuestión de segundos.
Que para ciertas mudanzas no debería haber rejas.
Flor Lopez
Caminamos dando giros a una parte ínfima de la ciudad,
la humedad hace que nos pese todo.
Los párpados entre tanto a la mitad,
algunos momentos, somos tan grandes que vemos todo a la mitad.
Tantas veces
entramos y salimos alrededor de esa plaza
como si nada,
como si esas rejas rojas y espesas pudieran contener verdaderamente lo que se mueve dentro.
Cuerpos chiquititos, por ahora chiquititos.
Como hormigas, se revuelcan en la arena
se frotan en el suelo.
Cuando los de los bancos se dan vuelta los cuerpos chiquititos apuestan al mundo.
“Es solo una cuestión de segundos”, me dice ella.
Extraños segundos,
perdidos segundos.
Los colores se amontonan se hacen pirámides y los cuerpos chiquititos ocupan el espacio.
No se conforman con un juego,
ni con el dia ni con la noche,
no se conforman con nada.
Entienden,
que es una cuestión de segundos.
Que para ciertas mudanzas no debería haber rejas.
Flor Lopez
jueves, 31 de enero de 2013
Y pensar que yo era el dragón
I
Miro por la
ventana de la puerta de vidrio repartido que deja entrever de a poco como el día
se hace presente porque sí.
El día que
parece inmune a las lechuzas y las linternas. Un día que al que tampoco le
importa el clima. Que se cree capaz de soportar todos los climas.
En frente,
una puerta verde que todavía permanece cerrada, no por miedo,
por un no
se sabe qué que revolotea en el aire, que no se deja agarrar.
II
II
Cuando te
veo dormir pienso,
que a lo mejor pensé demasiado en mi.
Cuando te veo dormir, así tan profundo, me pregunto cuántas veces de tu larga vida habría estado yo en tus sueños.
Y me contesto rápido: ninguna.
No soy alguien con quien la gente sueñe. Soy un mito. Un cuento para contar, para que los otros se duerman. Y recién ahí empiecen a soñar. Seguramente con otras cosas.
III
La casa parece tener una calma que a veces asusta. Una calma con olor a hogar.
que a lo mejor pensé demasiado en mi.
Cuando te veo dormir, así tan profundo, me pregunto cuántas veces de tu larga vida habría estado yo en tus sueños.
Y me contesto rápido: ninguna.
No soy alguien con quien la gente sueñe. Soy un mito. Un cuento para contar, para que los otros se duerman. Y recién ahí empiecen a soñar. Seguramente con otras cosas.
III
La casa parece tener una calma que a veces asusta. Una calma con olor a hogar.
Acá la
heladera siempre está llena. Y hay muchas cosas para ver en la tele.
No como en
mi casa, la otra, donde nos habita más el silencio. Eso debe darnos miedo. Un silencio
que se nos meta para adentro. Que nos vaya callando algunas partes para siempre.
IV
Cuando te
veo dormir pienso,
que me gustaría llevarte a la luna,
para que durmamos en la luna
y nos despertemos ahí, en la luna
y decirte, después: viste que te traje a la luna?!
y que me pegues un codazo, cuando te estires, pero que no me duela, porque ya no hay ningún estilo de gravedad, de nada en la luna.
que me gustaría llevarte a la luna,
para que durmamos en la luna
y nos despertemos ahí, en la luna
y decirte, después: viste que te traje a la luna?!
y que me pegues un codazo, cuando te estires, pero que no me duela, porque ya no hay ningún estilo de gravedad, de nada en la luna.
De nada.
V
Tres babosas
y dos ciempiés.
una combinación ridícula de cinco.
que podrían multiplicarse a diez y algún día a quinientos.
qué importa cuántos si no sabemos cuáles.
que importa cuántos.
una combinación ridícula de cinco.
que podrían multiplicarse a diez y algún día a quinientos.
qué importa cuántos si no sabemos cuáles.
que importa cuántos.
VI
Dicen que los dragones vuelan, nunca pregunté si alto.
Dicen que los dragones vuelan, nunca pregunté si alto.
Pero dicen
que vuelan.
VII
Cuando era
(aún más)
chica
(aún más)
chica
amaba
(aún más)
los cuentos,
una y otra vez disfrutaba que me contaran las mismas historias
mientras cerraba los ojos con la calma de esa voz,
ahí,
atrás,
que seguía sonando.
Que protegía el sueño.
(aún más)
los cuentos,
una y otra vez disfrutaba que me contaran las mismas historias
mientras cerraba los ojos con la calma de esa voz,
ahí,
atrás,
que seguía sonando.
Que protegía el sueño.
VIII
Las
bicicletas , se van a quedar por siempre en mis poemas,
porque tienen todavía eso que permite volverte a encandilar cuando los miramos de nuevo al sol.
cuando justo combina, con ellos, el día y la luz.
porque tienen todavía eso que permite volverte a encandilar cuando los miramos de nuevo al sol.
cuando justo combina, con ellos, el día y la luz.
ahora, me gustan los cuentos, las puertas de vidrio y las bicicletas.
Ahora, que sé que yo soy el dragón,
ahora que sé que soy yo.
Ahora, que sé que yo soy el dragón,
ahora que sé que soy yo.
martes, 22 de enero de 2013
De nuevo
De nuevo,
muestra que puede y si se retuerce,
el mundo también.
Lo han visto, como no.
podríamos mirarnos todos, a los ojos, a lo lejos,
mientras los otros se retuercen. Con el mundo.
Cuando te vayas, vas a ser otra h.
Mientras tanto, podemos dedicarnos a mirar películas escandinavas o a dar vueltas por la avenida mientras se caen a pedazos las alergias de los árboles.
Yo he sabido de tantas cosas,
como los números de la loterias,
los romprecabezas,
tantas cosas que se olvidan siempre de nuevo,
pero lo elijo para verte, otra vez, otra forma.
Por ahora, habrá tantos buenos y gloriosos deseos
junto con la delicadeza de esa primera frase.
Lo han visto, como no.
podríamos mirarnos todos, a los ojos, a lo lejos,
mientras los otros se retuercen. Con el mundo.
Cuando te vayas, vas a ser otra h.
Mientras tanto, podemos dedicarnos a mirar películas escandinavas o a dar vueltas por la avenida mientras se caen a pedazos las alergias de los árboles.
Yo he sabido de tantas cosas,
como los números de la loterias,
los romprecabezas,
tantas cosas que se olvidan siempre de nuevo,
pero lo elijo para verte, otra vez, otra forma.
Por ahora, habrá tantos buenos y gloriosos deseos
junto con la delicadeza de esa primera frase.
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Poemas
Roberta, qué carajo es el amor?
Es eso para vos el amor robertita?
saludar así no más mientras suenan las campanas de la misa
o aturdir al vecino con tus gritos y ronquera
es eso?
Decorar el cuarto, acomodar la cama
mirar por la ventana mientras me das la mano
y yo brinco de susto porque se estacionó una paloma cerca.
y vos sonreis claro,
pero.. es eso?
estar caliente hirvierdo como una pava
y despúes al otro dia frio congelado como un glaciar
y que digas "es que soy asi",
y yo te perdone. perdonar? eso es el amor?
Una ensalda de remolacha, un postre sabor clericó,
una vela a veces,
que me digas "te quiero" es eso?
Que me pases a buscar en una estación oscura,
que te enseñe las bestialidades con que se manejan los burocratas.
que le digas a tu padre "este es mi amor" eso es el amor para vos robertita?
porque yo, yo que estoy hundido en en estas cuatro paredes del cuarto cada vez mas hundido,
creo que no sé que carajo es el amor,
y espero que no sea eso,
no solamente eso.
saludar así no más mientras suenan las campanas de la misa
o aturdir al vecino con tus gritos y ronquera
es eso?
Decorar el cuarto, acomodar la cama
mirar por la ventana mientras me das la mano
y yo brinco de susto porque se estacionó una paloma cerca.
y vos sonreis claro,
pero.. es eso?
estar caliente hirvierdo como una pava
y despúes al otro dia frio congelado como un glaciar
y que digas "es que soy asi",
y yo te perdone. perdonar? eso es el amor?
Una ensalda de remolacha, un postre sabor clericó,
una vela a veces,
que me digas "te quiero" es eso?
Que me pases a buscar en una estación oscura,
que te enseñe las bestialidades con que se manejan los burocratas.
que le digas a tu padre "este es mi amor" eso es el amor para vos robertita?
porque yo, yo que estoy hundido en en estas cuatro paredes del cuarto cada vez mas hundido,
creo que no sé que carajo es el amor,
y espero que no sea eso,
no solamente eso.
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Poemas
UN TÉ MEDITERRÁNEO
Acá ahora llueve de nuevo. No ha parado de
llover desde aquel domingo de madrugada cuando me dijiste que tu padre te
solicitaba en Dubai para que te hicieras cargo del negocio de cajas musicales.
Hubiera preferido que me lo contaras otro día, ahí yo estaba dando vueltas en
el cuarto empecinado en encontrar todos los papeles para el trabajo en la Secretaria.
No te pude prestar la atención que te merecías y me lo reprochaste después.
Tenías
puesto el camisón de tu prima que se había olvidado en Barcelona el día de tu
cumpleaños. Te supliqué que lo tiraras que te despojaras de algunas cosas, por
el peso de las valijas y de las cosas en si. Pero te empecinaste, como siempre,
y esta bien. Sé que no te lo dije pero te quedaba perfecto. Además por el
color, casi blanco pero no.
La realización de los deseos viene apegado
siempre a una especie de virtud y un desencanto. Se mueven juntos, como mimetizados,
y llueve. Ahora fuerte. Siempre me gustó mirar para afuera fijo con este clima.
Desde nuestra terraza mucho mejor, porque se divisaba todo perfecto. Con un
poco de “onda” como decían tus amigos argentinos, podías sacar una postal de
ahí. Yo me había desactualizado ya de algunos modismos, aunque no todos.
Vos te diste vuelta de la posición que estabas
y boca debajo de la cama hiciste como un gesto, una expresión de inconformidad
o de no deseo. Yo te vi, no te dije tampoco, seguía revolviendo las carpetas de
arriba del escritorio pero te vi. Tenías una necesidad rara de hablar, rara en
vos, pero yo no podía responder. La Secretaria era un quilombo desde que a
Mauricio lo habían encontrado garchando con Lucia. Tampoco me diste bola cuando
te lo conté, pero ese evento había trastocado la cabeza de los que trabajaban
ahí. Ahora, todos, siempre se miraban
como cómplices, aludiendo alguna cosa, ya era casi imposible eso de entenderse
sin hablar. Hurgué cinco cajas más hasta que grité un “si!” como saliendo con
la expresión de mi mundo. Escuché tu susto, se ve que te habías entre dormido.
Me di vuelta, y seguías ahí, boca abajo, con la mano que te colgaba del
colchón, respirando fuerte.
Debe ser por la paz que me trasmitían esas
cajitas, o por la belleza de cómo combinaban música y miniatura, pero siempre
me había caído bien tu viejo, sobre todo por lo arriesgado. Eso no sé si algún
día lo supiste. ¿A quién se le iba a ocurrir que diera guita un negocio de
cajas musicales en los Emiratos?
Ya eran como las tres de la mañana, ordené las
carpetas y me quedé mirando cómo ocupabas toda la cama sin remedio. Tu forma en
el espacio. Me levanté a la cocina a hacer un té mediterráneo. Antes me acerqué
a la cama para ofrecerte, porque sabía cómo lo disfrutabas, y cuán difícil era
viajar con hierbas encima. Pero ya dormías, profundamente.
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Cuentos-Cortos
lunes, 9 de julio de 2012
nuevedejulio
cómo se dice "feliz dia de la patria" en frances?
cómo se cuenta nuestra historia en Venezuela.
Porqué la yerba es más verde y licuosa en Brasil?
Cuantos argentinos saben pronunciar la palabra "heart"?
Hay algo escondido, algo atrás,
abajo de la tierra, entre el pecho y el himno.
una cosa, un acento, un dibujo, una percusión.
Otra lucha,
la mujer de los mandados
el perro callejero,
el tipo sin cama
y la chica top
todo lo que hacemos con lo que nos han hecho,
todo lo que nos han hecho y nuestras ganas de hacer.
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Poemas
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